A SCANNER DARKLY (UNA MIRADA A LA OSCURIDAD) [USA, 2006 (Warner Indenpendent Pictures)]

La guerra inútil e interminable de América contra las drogas ha llegado a fundirse con la guerra contra el terrorismo. A pesar de sentir rechazo hacia la idea, el agente secreto de narcóticos Bob Arctor (Keanu Reeves) cumple las órdenes y empieza a espiar a sus amigos: Jim Barris (Robert Downey Jr.), Ernie Luckman (Woody Harrelson), Donna Hawthorne (Winona Ryder) y Charles Freck (Rory Cochrane). Cuando se le ordena intensificar la vigilancia, se ve envuelto en un viaje paranoico por un mundo absurdo, dónde es imposible descifrar las identidades y las lealtades.


Reseña
Basada en la novela de Philip K. Dick con el mismo nombre, A Scanner Darkly nos lleva de viaje rotoscópico con cinco amigos paranoicos que “juegan” con sustancia D demasiado a menudo, un juego que les traerá consecuencias graves irreversibles.
 
No le voy a quitar mérito al grandísimo trabajo de los dibujantes, pero a mí me hubiera gustado ver las actuaciones de Robert Downey Jr., Woody Harrelson o Rory Cochrane al natural, aunque quizá se optara por la rotoscopia para darle más viveza, brío y credibilidad a las actuaciones de Keanu Reeves y Winona Ryder, lo cual se consigue.

La película tiene un ritmo lento pero no creo que el fallo esté ahí, sino en la pesadez de algunos momentos por culpa de las conversaciones y pensamientos de los protagonistas, lo cual se podría haber ceñido más al humor negro, las conversaciones, reflexiones, y divagaciones filosóficas de la novela.

De todas maneras esta será una nueva experiencia para los aficionados de Philip K. Dick, eso sí, con casi nada de ciencia-ficción por no decir nada, y más ligada a una experiencia vivida por el propio autor. Y quién mejor que él mismo para explicarnos brevemente esta historia:

[Extracto del libro A Scanner Darkly (Una mirada a la oscuridad)]

NOTA DEL AUTOR
Esta novela se ha referido a varias personas que sufrieron un castigo excesivo por lo que habían hecho. Deseaban gozar de la vida, pero eran como niños jugando en la calle. Veían a sus amigos morir uno tras otro —atropellados, mutilados, destruidos—, pero ellos seguían jugando. Todos nosotros fuimos realmente felices durante algún tiempo, por más terriblemente breve que fuera. El posterior castigo superó todo lo imaginable: no podíamos creerlo por mucho que lo viéramos. Por ejemplo, mientras redactaba esta nota me enteré del suicidio de la persona en que estaba basado el personaje ficticio de Jerry Fabin. Un amigo mío, que luego me sirvió de modelo para describir a Ernie Luckman, murió antes de que empezara la novela. Yo también fui, durante algún tiempo, uno de estos niños que juegan en la calle. Intenté, como todos los demás, jugar en vez de crecer. Y recibí mi castigo. Soy una de las personas que aparecen en la lista que leerán casi al final de la nota, una relación de los individuos a quienes está dedicada esta novela y del estado en que quedaron.
El mal uso de la droga no es una enfermedad, sino una decisión similar a la de apartarse frente a un coche que se nos echa encima. Podría afirmarse que no es una enfermedad, sino un error de juicio. Cuando mucha gente empieza a cometer tal fallo, se trata de un error social, un modo de vida. El lema de este modo de vida particular es «Sé feliz ahora porque mañana te morirás.» Pero la muerte acontece casi instantáneamente y de la felicidad sólo queda el recuerdo. Por lo tanto, no hay otra cosa más que una aceleración, una intensificación de la existencia humana normal. La única diferencia es que este tipo de vida se desarrolla más velozmente que el ordinario. Tiene lugar en días, semanas o meses en lugar de años. Tomad el dinero contante y sonante y no os preocupéis por los intereses, como afirmara Villon en 1460. Un criterio erróneo cuando el metálico asciende a diez centavos y el interés es por toda una vida.
No hay ninguna moraleja en esta novela. Ni tampoco se trata de una visión burguesa, ya que no se afirma que los personajes cometieran el fallo de jugar cuando deberían haber estado trabajando duramente. La novela sólo explica cuáles fueron las consecuencias. En la tragedia griega, la sociedad empezó a descubrir la ciencia, o dicho de otro modo, la ley de la causalidad. Aquí, en esta novela, existe una Némesis. No una diosa del destino, porque ninguno de nosotros tuvo opción a dejar de jugar en la calle, sino, como reflejo en mi relato, extraído de lo más profundo de mi vida y de mi corazón, una Némesis terrible para aquellos que quisieron seguir jugando. No soy un personaje de esta novela, soy la novela en sí. Como lo era todo nuestro país en esta época. Mi libro se refiere a más gente de la que yo conocí en persona, a algunos individuos cuya suerte todos pudimos conocer a través de los periódicos. Optamos por perder el tiempo con nuestros camaradas, por decir y hacer tonterías mientras grabábamos discos. Y esa fue la peor decisión que se tomó en la década de los sesenta, tanto dentro como fuera del establishment. La naturaleza nos reprimió con drásticas medidas. Hechos espantosos nos obligaron a detenernos.
El «pecado» de estas personas, si es que puede hablarse de pecado, consistió en querer vivir bien siempre, y fueron castigados por ello. Pero creo, como ya he dicho al principio, que quizás el castigo fue excesivo, y prefiero considerarlo, a la manera griega o de un modo moralmente neutral, como pura ciencia, como una determinista e imparcial relación causa-efecto. Los amaba a todos. Y esta es la lista. A todos los quise y a todos les dedico ahora mi cariño:
A Gaylene, fallecida
A Ray, fallecido
A Francy, psicosis permanente
A Kathy, lesión cerebral permanente
A Jim, fallecido
A Val, lesión cerebral masiva y permanente
A Nancy, psicosis permanente
A Joanne, lesión cerebral permanente
A Maren, fallecida
A Nick, fallecido
A Terry, fallecido
A Dennis, fallecido
A Phil, lesión pancreática permanente
A Sue, lesión vascular permanente
A Jerri, psicosis permanente y lesión vascular
...y un largo etcétera.
In memoriam. Fueron mis camaradas, los mejores que he tenido. Permanecen en mi recuerdo, y el enemigo nunca será olvidado. El «enemigo» fue el error que cometieron jugando. Dejadles que vuelvan a jugar, de algún otro modo, y permitidles que sean felices.
Philip K. Dick
 Philip K. Dick (entrevista en el Festival del Libro de Ciencia Ficción Septiembre 1977):
“Mi actitud se refleja en mi reciente novela A Scanner Darkly en la que un agente de narcóticos acaba informando sobre sí mismo dando información sobre sí mismo a sus superiores. En la época de Nixon, había mucha paranoia en el gobierno y también en la contracultura, entre los de Berkeley. Cualquiera como yo, que hubiera madurado y tomado parte en la contracultura de Berkeley se convertía en un hombre marcado durante la administración Nixon. Es imposible decir cuántos de nuestros temores eran justificados. Entraban ilegalmente. Entraron en mi casa. Reventaron mis archivos, me robaron documentos. Nunca supimos quién había sido. Mi abogado dijo que fue el gobierno. No había duda de que había sido el gobierno pero ignoro qué estaban buscando. No sé qué creían que hacía. Ni siquiera sé si fue el gobierno. Pero había muchos allanamientos ilegales. Y una experiencia como esa suele dejarte muy paranoico, crees que eres sospechoso de algún delito.”

 

Nandy Puertollano



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Entradas Relacionadas

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...